05/05/10 - 00:00 OPINIÓN

Por Sam Colop

Cuando el presidente Colom decía que era “sacerdote maya” siempre lo dudé, y escribí que a lo más que llegaba era a practicar brujería. O él fue mal estudiante o su maestro y ahora “su” embajador ante los pueblos indígenas tampoco sabe mucho del tema, porque es otro que se identifica como “coyote errante”. Reitero lo del “embajador de Colom ante pueblos indígenas”, y no embajador de los pueblos indígenas, porque excepto el presidente y unos cuantos achichincles mayas asumen que don Cirilo Pérez los representa. Al menos a mí no, y sé que muchos wachalales consideran esa “embajada” como una burla.

Pero a lo que quiero llegar es que Álvaro Colom cree que puede transformarse en gavilán y su esposa en araña, tarántula o viuda negra, como escribe una colega columnista de elPeriódico (1/5/10). Ingrato el hombre que nos hace imaginar a doña Sandrita dando vueltegatos para convertirse en arañita. Y es que aquí hay que hacer una distinción, como bien lo expresa la antropóloga Brenda de Rosenbaum en Nuevas Perspectivas sobre el Popol Vuh: “La mayoría de autores que se refieren al nagualismo —en el sentido de transformación de personas en animal y no en el de animal compañero (tonal)— lo definen como brujo que se transforma… con el propósito de llevar a cabo acciones que no podría realizar en su forma humana”.

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