Como dicha tuve la oportunidad de entrevistar a Jose Luis Perdomo. A mi percepciòn, de las pocas veces que pudimos charlar por telefono, es un hombre inconforme con muchas de las situaciònes que se viven hoy en guatemala, con miedo a ser sobre expuesto (sus razones tendrà) con una forma de pensar totalmente diferente a la de un chapìn conformista.
Aquì les dejo la entrevista para que la lean, descubran, aprendan y sobre todo tomen consciencia de que el Conflcto Armado Interno es nuestro pasado que afecta nuestro presente y va a seguir marcando nuestro futuro.
Líneas curriculares JL Perdomo Orellana
Licenciado en Periodismo y Comunicación Colectiva por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Luis Perdomo Orellana tiene también un diplomado en Edición de Libros por la Casa Universitaria del Libro de la UNAM y la Universidad Autónoma Metropolitana de los Estados Unidos Mexicanos, además de cuatro cursos intensivos de actualización en edición de libros, revistas, periódicos y otras publicaciones alternativas auspiciados por la Universidad de Colima y la editorial independiente Praxis.
En el surco que traza el otro. Teoría y práctica de la entrevista, su tesis, fue “la mejor tesis de licenciatura de las registradas por egresados de universidades públicas y privadas de México en el I Certamen Nacional de Trabajos Recepcionales en Comunicación, organizado por el Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación.
Sus diálogos con el creador húngaro Stephen Vizinczey, con cuatro premios Nobel de Literatura y con diez premios Cervantes (“el equivalente del Nobel en idioma español”), entre otros, han sido publicados en diarios y revistas de España, Colombia, México y Centroamérica.
Editoriales de México, Guatemala y Nicaragua le han publicado ocho libros que van de la biografía al ensayo, pasando por la crónica y la entrevista.
Tanto en la República Mexicana como en Guatemala le dieron, y aceptó, diversos premios en certámenes de periodismo, cuento, poesía y oratoria. En el 2001, con Maurice Echeverría, obtuvo el Premio Nacional de Periodismo por la entrevista pública que sostuvieron con José Saramago en La Antigua.
Respuestas al “pequeño juego de preferencias”
¿Blanco o negro?
En inglés, ésa sería la marca de un whisky que provoca gomas pavorosas a las cuales más vale no volver. El día que le pregunté al escritor Guillermo Cabrera Infante si prefería las piezas negras o las blancas sobre un tablero de ajedrez, su respuesta fue que prefería las mestizas. Puesto que ahora no se trata de una partida, habría que preferir las tonalidades de las jacarandas mexicanas y guatemaltecas en el justo momento en que se desprenden de las ramas, se balancean y sigue sin importarles el caer para ser pisoteadas por los mismos semovientes imperturbables o sus herederos igual de dementes.
¿Petén o Izabal?
Ni éste ni aquél. Oriente, siempre oriente, el cercano oriente, ese de ahí nomás al otro lado del puente Belice, el único sitio donde un oriental auténtico no se siente extranjero.
¿Rojo o Crema?
Le agradezco que haya puesto en primer lugar a los Rojos, como alguna vez fue. ¿Crema? Ni en los helados, mucho menos en los frijoles. Rojo aun antes de nacer. Rojo hasta que llega la conciencia de que el futbol de estos rumbos es pura chamusca y güeva nacional oficializada y que más vale apagar el televisor o la radio para dejar de sentir vergüenzas ajenas que apuntalan siglos de autogoles y (de)generaciones enteras aptas sólo para la chapuza y el grisáceo trámite de las fotocopias, con exceso de todo tipo de plegarias en la punta de la lengua, eso sí.
¿Alvaro Colom u Otto Pérez Molina?
En cualquier caso, Paquita la del Barrio en su bar del Distrito Federal mexicano desafinando una de esas rolas donde pone parejo al género macho y éste además la ovaciona y le pide otra.
¿Frío o calor?
Si es el frío, que sean los hielos con los cuales me recibió Helsinki. Si es el calor, que sea el del cercano oriente ahí nomasito al pie de la Sierra de las Minas. Pero, si se da cuenta, en “el maldito trópico” como le llama el escritor guatemaltecoestadounidense David Unger, ya no hay para dónde hacerse: ya todo agarró fuego. Quienes todavía dudan del recalentamiento planetario, que se den una vuelta por aquí.
¿Sueños o logros?
Sería preferible una buena dotación de tabletas de Passiflora, habida cuenta de que desde hace añales Sir John Winston Lennon nos advirtió que el sueño terminó.
¿Pasado, presente o futuro?
Usted como comunicadora se habrá dado cuenta de que eso está muy bien sintetizado en casi todas las ventanas guatemaltecas que todavía anuncian: “TORTILLAS LOS TRES TIEMPOS”.
¿Día o noche?
¿Ya leyó la novela que Francisco Goldman dedica a Guatemala y a la que tituló La larga noche de los pollos blancos o algo así? Los nacidos en estas coordenadas no necesitamos que llegue el Miércoles de Ceniza: nacimos con la noche en la frente, la más ominosa… aunque a los chivolimbenses les ha servido para seguir berreando esa su inefable “luna de Xelajuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuú!!!!!”, que ya no se la creen ni ellos frente al séptimo cielo de cerveza Cabro hirviendo fuegos previsibles.
¿Lejos o cerca?
Lo único que queda cerca en los remedos tropicales de país es la habilidad del prójimo para meterte zancadilla o de los 99 favores que le hiciste, restregarte el único que no fuiste capaz de hacerle.
¿Café o té?
Café y té verde, siempre y cuando sea en dosis babilónicas y en ayunas. Por cierto, ya hay que irse sacudiendo el complejo nacional de que el café guatemalteco es el mejor del mundo: hay otros igual de excelsos, hay otros incluso mejores.
¿En dónde se encontraba usted en el momento que inicia el conflicto armado interno?
Por principio de cuentas, a lo que usted llama asépticamente “conflicto armado interno” yo le llamo “matanzas”. Ignoro dónde estaba cuando lo peorcito de España se dejó caer en mala hora por esta geografía y la remojó en sangre. Tampoco sé con precisión dónde estuve en las posteriores matazones uniformadas y sin uniforme. Las matazones de los años setenta me agarraron en las manifestaciones urbanas del movimiento estudiantil de lo que en ese entonces se llamaba educación media.
¿Cuáles fueron las causas del conflicto armado interno?
El movimiento estudiantil de educación media –que es lo que me consta-- tomó algunas calles y algunas escuelas (el heroico Central y la heroica Escuela de Comercio, por ejemplo) por cuestiones prebásicas que en cualquier país civilizado hubiesen sido atendidas: más profesores humanistas, cero profesores con complejo de tiranitos, cese de la represión, pan, paz y libertad para todos. Nada del otro mundo.
Gracias al conflicto varias personas salieron exiladas de Guatemala. ¿Conoció a alguna o algunas de estas personas?
Para cierta vertiente de la visión judía del mundo todos vivimos en el exilio todo el tiempo, incluida usted. En cuanto a los exiliados políticos, en la República Mexicana, generosísima en sus tradicionales políticas de asilo, ahí está toda la República Española para atestiguarlo, allá tuve la buena suerte de conocer y tratar con mayor o menor intensidad a patriotas como Luis Cardoza y Aragón, Carlos Illescas, Alfonso Solórzano, Augusto Monterroso, el coronel Paz Tejada, Gregorio Selser, Carlos Martínez Moreno, Eduardo Galeano, entre otros.
Según su criterio, ¿cuáles fueron las consecuencias que dejó el conflicto armado interno?
En el mejor de los casos, la posibilidad de que usted y yo intercambiemos estos puntos de vista sin que nos maten dentro de media hora en la esquina de enfrente. En el peor de los casos, la corrupción desbordada y la posibilidad agobiante de que cualquier persona decente, sin deberla ni temerla, sea incluida en cualquier momento en la primera plana de esos periodicuchos nauseabundos especializados en balazos, bikinis y babosadas, los que más demanda tienen por parte de la majada crónica, pululante y purulenta.
Si usted pudiera cambiar alguna situación que se vive hoy en Guatemala, ¿cuál sería? ¿Por qué la cambiaría y cómo la cambiaría?
Con esta pregunta hemos entrado en el movedizo terreno de los “hubiera”, en los espejismos de cierto tipo de nostalgia marimbera que más vale evitar. Como dicen o decían en México: “Si mi abuela hubiera tenido ruedas, hubiera sido bicicleta”.
¿Ha escrito algún documento (reportajes, notas, noticias, obras, etc.) relacionadas con el conflicto armado?
Para hablar de lo más reciente, invitados por el Centro Cultural de España, con el egregio doctor Carlos Guzmán Böckler sostuvimos una larga entrevista que fue publicada en la colección “Pensamiento II” bajo el título A Guzmán Böckler jamás consiguieron dorarle la píldora: “Los grupos políticos, aquí, ya tienen una idea clara y absoluta de que la corrupción es lo inequívoco”.
¿Alguna vez ha tenido contacto directo con alguien que sufrió, ya sea durante o después, a causa del conflicto armado?
No conozco una sola persona en 118 mil kilómetros cuadrados de orfandad y de locura auténticamente guatemaltecas, que no haya sido afectada por lo que usted insiste en llamar asépticamente “conflicto”. Que se den cuenta o no, es pura cuestión del palimpsesto nacional programado.
Para muchos jóvenes este tema es bastante lejano y abstracto. ¿Qué soluciones daría usted como periodista y escritor para que este tema fuera más cercano y real para los jóvenes?
La vasconcelización del país, en el sentido que le dio el maestro de maestros José Vasconcelos en los Estados Unidos Mexicanos. Es algo que vengo proponiendo desde hace añales y lo único que he encontrado es el silencio marrullero tan típico de los marimberos que en la guerra y en la paz de a mentiritas carrera hicieron.
¿Qué consejos o lecciones daría usted a los jóvenes que se están iniciando en el periodismo hoy en día?
Que abran con mayor regularidad los buenos libros vivos que aún andan por ahí.
Aquì les dejo la entrevista para que la lean, descubran, aprendan y sobre todo tomen consciencia de que el Conflcto Armado Interno es nuestro pasado que afecta nuestro presente y va a seguir marcando nuestro futuro.
Líneas curriculares JL Perdomo Orellana
Licenciado en Periodismo y Comunicación Colectiva por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Luis Perdomo Orellana tiene también un diplomado en Edición de Libros por la Casa Universitaria del Libro de la UNAM y la Universidad Autónoma Metropolitana de los Estados Unidos Mexicanos, además de cuatro cursos intensivos de actualización en edición de libros, revistas, periódicos y otras publicaciones alternativas auspiciados por la Universidad de Colima y la editorial independiente Praxis.
En el surco que traza el otro. Teoría y práctica de la entrevista, su tesis, fue “la mejor tesis de licenciatura de las registradas por egresados de universidades públicas y privadas de México en el I Certamen Nacional de Trabajos Recepcionales en Comunicación, organizado por el Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación.
Sus diálogos con el creador húngaro Stephen Vizinczey, con cuatro premios Nobel de Literatura y con diez premios Cervantes (“el equivalente del Nobel en idioma español”), entre otros, han sido publicados en diarios y revistas de España, Colombia, México y Centroamérica.
Editoriales de México, Guatemala y Nicaragua le han publicado ocho libros que van de la biografía al ensayo, pasando por la crónica y la entrevista.
Tanto en la República Mexicana como en Guatemala le dieron, y aceptó, diversos premios en certámenes de periodismo, cuento, poesía y oratoria. En el 2001, con Maurice Echeverría, obtuvo el Premio Nacional de Periodismo por la entrevista pública que sostuvieron con José Saramago en La Antigua.
Respuestas al “pequeño juego de preferencias”
¿Blanco o negro?
En inglés, ésa sería la marca de un whisky que provoca gomas pavorosas a las cuales más vale no volver. El día que le pregunté al escritor Guillermo Cabrera Infante si prefería las piezas negras o las blancas sobre un tablero de ajedrez, su respuesta fue que prefería las mestizas. Puesto que ahora no se trata de una partida, habría que preferir las tonalidades de las jacarandas mexicanas y guatemaltecas en el justo momento en que se desprenden de las ramas, se balancean y sigue sin importarles el caer para ser pisoteadas por los mismos semovientes imperturbables o sus herederos igual de dementes.
¿Petén o Izabal?
Ni éste ni aquél. Oriente, siempre oriente, el cercano oriente, ese de ahí nomás al otro lado del puente Belice, el único sitio donde un oriental auténtico no se siente extranjero.
¿Rojo o Crema?
Le agradezco que haya puesto en primer lugar a los Rojos, como alguna vez fue. ¿Crema? Ni en los helados, mucho menos en los frijoles. Rojo aun antes de nacer. Rojo hasta que llega la conciencia de que el futbol de estos rumbos es pura chamusca y güeva nacional oficializada y que más vale apagar el televisor o la radio para dejar de sentir vergüenzas ajenas que apuntalan siglos de autogoles y (de)generaciones enteras aptas sólo para la chapuza y el grisáceo trámite de las fotocopias, con exceso de todo tipo de plegarias en la punta de la lengua, eso sí.
¿Alvaro Colom u Otto Pérez Molina?
En cualquier caso, Paquita la del Barrio en su bar del Distrito Federal mexicano desafinando una de esas rolas donde pone parejo al género macho y éste además la ovaciona y le pide otra.
¿Frío o calor?
Si es el frío, que sean los hielos con los cuales me recibió Helsinki. Si es el calor, que sea el del cercano oriente ahí nomasito al pie de la Sierra de las Minas. Pero, si se da cuenta, en “el maldito trópico” como le llama el escritor guatemaltecoestadounidense David Unger, ya no hay para dónde hacerse: ya todo agarró fuego. Quienes todavía dudan del recalentamiento planetario, que se den una vuelta por aquí.
¿Sueños o logros?
Sería preferible una buena dotación de tabletas de Passiflora, habida cuenta de que desde hace añales Sir John Winston Lennon nos advirtió que el sueño terminó.
¿Pasado, presente o futuro?
Usted como comunicadora se habrá dado cuenta de que eso está muy bien sintetizado en casi todas las ventanas guatemaltecas que todavía anuncian: “TORTILLAS LOS TRES TIEMPOS”.
¿Día o noche?
¿Ya leyó la novela que Francisco Goldman dedica a Guatemala y a la que tituló La larga noche de los pollos blancos o algo así? Los nacidos en estas coordenadas no necesitamos que llegue el Miércoles de Ceniza: nacimos con la noche en la frente, la más ominosa… aunque a los chivolimbenses les ha servido para seguir berreando esa su inefable “luna de Xelajuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuú!!!!!”, que ya no se la creen ni ellos frente al séptimo cielo de cerveza Cabro hirviendo fuegos previsibles.
¿Lejos o cerca?
Lo único que queda cerca en los remedos tropicales de país es la habilidad del prójimo para meterte zancadilla o de los 99 favores que le hiciste, restregarte el único que no fuiste capaz de hacerle.
¿Café o té?
Café y té verde, siempre y cuando sea en dosis babilónicas y en ayunas. Por cierto, ya hay que irse sacudiendo el complejo nacional de que el café guatemalteco es el mejor del mundo: hay otros igual de excelsos, hay otros incluso mejores.
¿En dónde se encontraba usted en el momento que inicia el conflicto armado interno?
Por principio de cuentas, a lo que usted llama asépticamente “conflicto armado interno” yo le llamo “matanzas”. Ignoro dónde estaba cuando lo peorcito de España se dejó caer en mala hora por esta geografía y la remojó en sangre. Tampoco sé con precisión dónde estuve en las posteriores matazones uniformadas y sin uniforme. Las matazones de los años setenta me agarraron en las manifestaciones urbanas del movimiento estudiantil de lo que en ese entonces se llamaba educación media.
¿Cuáles fueron las causas del conflicto armado interno?
El movimiento estudiantil de educación media –que es lo que me consta-- tomó algunas calles y algunas escuelas (el heroico Central y la heroica Escuela de Comercio, por ejemplo) por cuestiones prebásicas que en cualquier país civilizado hubiesen sido atendidas: más profesores humanistas, cero profesores con complejo de tiranitos, cese de la represión, pan, paz y libertad para todos. Nada del otro mundo.
Gracias al conflicto varias personas salieron exiladas de Guatemala. ¿Conoció a alguna o algunas de estas personas?
Para cierta vertiente de la visión judía del mundo todos vivimos en el exilio todo el tiempo, incluida usted. En cuanto a los exiliados políticos, en la República Mexicana, generosísima en sus tradicionales políticas de asilo, ahí está toda la República Española para atestiguarlo, allá tuve la buena suerte de conocer y tratar con mayor o menor intensidad a patriotas como Luis Cardoza y Aragón, Carlos Illescas, Alfonso Solórzano, Augusto Monterroso, el coronel Paz Tejada, Gregorio Selser, Carlos Martínez Moreno, Eduardo Galeano, entre otros.
Según su criterio, ¿cuáles fueron las consecuencias que dejó el conflicto armado interno?
En el mejor de los casos, la posibilidad de que usted y yo intercambiemos estos puntos de vista sin que nos maten dentro de media hora en la esquina de enfrente. En el peor de los casos, la corrupción desbordada y la posibilidad agobiante de que cualquier persona decente, sin deberla ni temerla, sea incluida en cualquier momento en la primera plana de esos periodicuchos nauseabundos especializados en balazos, bikinis y babosadas, los que más demanda tienen por parte de la majada crónica, pululante y purulenta.
Si usted pudiera cambiar alguna situación que se vive hoy en Guatemala, ¿cuál sería? ¿Por qué la cambiaría y cómo la cambiaría?
Con esta pregunta hemos entrado en el movedizo terreno de los “hubiera”, en los espejismos de cierto tipo de nostalgia marimbera que más vale evitar. Como dicen o decían en México: “Si mi abuela hubiera tenido ruedas, hubiera sido bicicleta”.
¿Ha escrito algún documento (reportajes, notas, noticias, obras, etc.) relacionadas con el conflicto armado?
Para hablar de lo más reciente, invitados por el Centro Cultural de España, con el egregio doctor Carlos Guzmán Böckler sostuvimos una larga entrevista que fue publicada en la colección “Pensamiento II” bajo el título A Guzmán Böckler jamás consiguieron dorarle la píldora: “Los grupos políticos, aquí, ya tienen una idea clara y absoluta de que la corrupción es lo inequívoco”.
¿Alguna vez ha tenido contacto directo con alguien que sufrió, ya sea durante o después, a causa del conflicto armado?
No conozco una sola persona en 118 mil kilómetros cuadrados de orfandad y de locura auténticamente guatemaltecas, que no haya sido afectada por lo que usted insiste en llamar asépticamente “conflicto”. Que se den cuenta o no, es pura cuestión del palimpsesto nacional programado.
Para muchos jóvenes este tema es bastante lejano y abstracto. ¿Qué soluciones daría usted como periodista y escritor para que este tema fuera más cercano y real para los jóvenes?
La vasconcelización del país, en el sentido que le dio el maestro de maestros José Vasconcelos en los Estados Unidos Mexicanos. Es algo que vengo proponiendo desde hace añales y lo único que he encontrado es el silencio marrullero tan típico de los marimberos que en la guerra y en la paz de a mentiritas carrera hicieron.
¿Qué consejos o lecciones daría usted a los jóvenes que se están iniciando en el periodismo hoy en día?
Que abran con mayor regularidad los buenos libros vivos que aún andan por ahí.



Comentarios
Genial Perdomo, como siempre!, saludos
"Si mi abuela hubiera tenido ruedas, hubiera sido bicicleta".......Sí todavía lo decimos..