El domingo me dí una vuelta con unos amigos por la feria del libro en la capital y digo en la capital porque también la Antigua Guatemala tuvo su feria del libro, lo cual es un motivo de alegría para todos los que amamos la lectura, sobre todo por que se vienen títulos nuevos, ofertas especiales pero mas que nada porque en un solo lugar podemos encontrarnos con otros que gozan de la misma apacible adicción a la literatura. Al entrar a la feria descubrimos que hay para todos los gustos, libros de todos colores y tamaños, pasta dura o pasta suave, con dibujitos o sin dibujitos, con letra menuda o gigante, de papel manila o brillante, los hay muy finos o rústicos ademas de libros muy viejitos o de tiraje reciente.Sobre tantos temas que no existe un paladar que se quede sin saborear el de su predilección. En particular me gusta cuando la feria es en las instalaciones del palacio nacional de la cultura, si, el mismo que fue el palacio de gobierno por muchos años, el que esta en la zona 1.

Porque además de los libros uno puede darse una vuelta por tan especial construcción y apreciar sus jardines, los detalles en las columnas, las terrazas y los vitrales. Ir a la feria se me antoja como recordar a Firmin el ratoncito del libro de Sam Savage que comenzó literalmente mordiendo los libros, pero poco a poco se fue dejando encantar por la maravilla de las letras unidades en frases y párrafos y con mucho esfuerzo aprendió a leer por cuenta propia para luego convertirse en un amante de los libros hecho y derecho, cuanta felicidad para tantos Firmines que ví por los laberintos lineales de la feria del libro que se saludaban rápidamente con la mirada para volver con la misma rapidez a los títulos en venta, merodéando en busca de algún tesoro para llevarse a casa y disfrutar cual si fuera el mas delicioso de todos los quesos disponibles en la tierra.



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